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28 dic 2012

DIOS EN LA CABEZA

Sintiendo a Dios... en el lóbulo temporal

¿Qué tienen en común, a parte de ser religiosos, Mahoma, San Pablo, Juana de Arco, el profeta Ezequiel, Santa Teresa de Ávila y Elena G. de White? La respuesta se esconde en sus cerebros. Más específicamente en su lóbulo temporal.
Las anteriores personas padecieron de epilepsia de lóbulo temporal, una condición anómala que les ocasionó visiones auditivas y visuales en las que vieron a Jesús, o ángeles, y otras escenas de caracter religioso. Afortunadamente, la tecnología actual ha permitido investigar más el lóbulo temporal, para demostrar que la alteración electroquímica de esta zona del cerebro es la causante de las experiencias religiosas.

En una investigación que tomó décadas Michael Persinger y su
equipo de la Universidad Laurentian en Estados Unidos diseñaron un dispositivo que analizó el lóbulo temporal de cientos de personas. Con ello lograron provocar el sentimiento de que un espíritu, o una presencia, estaba en el cuarto con ellos, cuando, de hecho, no había nadie. Esto se sentía como un estado de revelación de la verdad universal. La estimulación duraba tres minutos, y cada sujeto luego traducía lo que había sentido a su propia cultura y religión, algunos lo llamaban Dios, Buda, o una presencia benéfica. El afectar momentáneamente la actividad eléctrica del cerebro causaba en los pacientes una experiencia que en otras situaciones hubiese sido llamada sobrenatural, místico, una revelación divina, un encuentro con Dios, o sencillamente algo "maravillosamente espiritual". Los resultados se publicaron en el 2007.

El neurocientífico argumenta que las experiencias religiosas son tan solo resultado de anormalidades eléctricas en el cerebro humano. Él opina que las inclinaciones religiosas de figuras fundadoras o que ayudaron a expandir religiones, como San Pablo, Moisés, Mahoma o Buda, son a raíz de esas casualidades neurológicas.

“Dios no es más místico que una rica cena”, afirmó Michael Persinger. Se refiere a que la religión y la mística provienen de estos eventos neurológicos que le dan placer al cerebro, por lo cual una rica comida que también nos da placer, para él es igual a un evento místico.

Sin embargo, a pesar de la evidencia de las neurociencias los adventistas seguirán creyendo que Elena G. de White (cuya imagen acompaña esta entrada) tuvo visiones porque Dios se las envió, lo mismo dirán los musulmanes respecto a Mahoma, o los católicos sobre Santa Teresa de Ávila, o los cristianos en general sobre Pablo, quien expandió el cristianismo. No obstante, la neurología, y en especial la neuroteología sigue sumando evidencias que todas las visiones están en el cerebro

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