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19 feb 2013

GRANDE EL POTAO.




Alternativa.
Los increíbles avances de la equinoterapia en El Potao

Cercanía. Niños con problemas neurológicos son atendidos por especialistas y efectivos de la Policía Montada.

Caballos de la Policía Montada contribuyen al progreso de niños con problemas neurológicos. Expertos dicen que esta terapia es
mejor que las convencionales.

Claudia Delgado G.

Vania es una niña con síndrome de Down, tiene 3 años y no deja de sonreír. Haciéndole caso a su abuela, le da un tierno beso en la mejilla a la yegua que la ayudó a superar una enfermedad durante una de sus sesiones de equinoterapia.

Hasta hace poco, ella sufría de hipotonía (disminución excesiva de tono muscular) y le resultaba difícil caminar por la flacidez en sus músculos. Ahora –con la terapia– ha empezado a dar sus primeros pasos y reconoce vocales y números.

Aunque parezca increíble, Vania recién empezó a asistir a la equinoterapia en diciembre del año pasado y ya ha conseguido estos logros. Retomará –al igual que 30 niños– las clases en marzo, cuando el curso empiece nuevamente en el Cuartel El Potao de la Policía Montada, ubicado en el Rímac.

El programa de equinoterapia de la PNP comenzó hace 14 años y hoy recibe niños con autismo, síndrome de Down, retardo mental, parálisis cerebral, entre otros problemas neurológicos.

Cecilia Carpio es la terapeuta encargada y tiene 25 años como experta en fisioterapia. Además se especializó en el tratamiento terapéutico con los caballos, que ha sido establecido como un tratamiento médico a nivel mundial.

La especialista afirma que los niños que participan en la terapia reciben 120 estímulos por minuto, muchos más que en las terapias convencionales.

“El calor del caballo, la altura, el tacto, el olor y el movimiento colaboran con la mejora de los niños. Todos estos factores intervienen en su cerebro”, recalca Carpio. Algunos niños muestran cambios en la primera sesión, agrega.

Mientras los niños trabajan en la terapia, los padres los observan maravillados. Cecilia Rodríguez es la mamá de Lucio, quien tiene 4 años y retardo mental. “Mi hijito viene hace dos años y medio a la terapia. Al inicio tenía problemas con los músculos, y los caballos también lo ayudaron con la postura", refiere.

Rebeca Fernández tiene una hija de 2 años con parálisis cerebral. Después de un año en la terapia, considera que el trabajar con los equinos es el tratamiento que más la ha ayudado. “Ahora levanta el cuello y le está yendo bien”.

La terapeuta nos comenta que, si bien algunos menores se sorprenden al subir a los caballos por primera vez, después de una clase lloran porque no se quieren bajar. “Se emocionan tanto que comienzan a reírse y se van contentos a casa”, asegura Carpio.
El ambiente en El Potao muestra cómo el trabajo conjunto de dos seres inocentes –niños y animales– es posible.



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