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8 may 2013

LA CULPABLE.

Represión de la Sexualidad Natural
La causa de muchos males....
La raíz de muchos de los males que aquejan la sociedad contemporanea es la negación de la sexualidad natural. Cuando esa sexualidad natural es reprimida, negada o vilificada, los deseos e impulsos naturales
del individuo quedan atrapados en una zona intermedia del subconciente, rebotando de un lado a otro, afectando adversamente la formación del caracter, creando tensión, alimentando fantasías, degenerandose poco a poco hasta qué, cuando finalmente emergen al exterior, emergen como impulsos degenerados, destructivos, en busqueda de una reinvindicación, de una libertad, de una salvación enfermiza y degenerada.

En la mayoria de los casos la identidad personal se desarrollará en base a la sexualidad natural. En estos casos la capa de represion intermedia es percibida como una fuente de maldad, de "pecado", de conscupicencia, de inestabilidad emocional y depravacion moral dentro de uno mismo. En casos específicos, sin embargo, la represión sexual consigue neutralizar y ocultar la sexualidad natural al punto de que los impulsos sexuales naturales no llegan a la plena conciencia, sino que son reprimidos y transformados por la barrera intermedia en lo opuesto de lo que eran. De ahí surgen indentidades sexuales secundarias y opuestas a la identidad sexual natural del individuo.

La inmensa mayoría de las personas son por naturaleza heterosexuales. Pero también hay personas que son por naturaleza homosexuales, bisexuales y asexuales. Cuando los impulsos sexuales de estas personas son reprimidos totalmente esto causa el surgimiento de una identidad contraria a la naturaleza sexual original del individuo.

Los homosexuales naturales que han desarrollado una identidad heterosexual secundaria y enfermiza se distinguen por proyectar una imagen de supermachos, siempre haciendo ejercicios para verse más que varoniles. Casi enamorados de si mismos. El Don Juan. El casanova. El hombre de todas las mujeres. El nene de las nenas. El super macho que, contradictoriamente, disfruta más la "amistad" de sus amigos que el amor de su mujer. Que ve la mujer como un objeto sexual con quien liberar momentaneamente una tensión sexual, pero maá allá de eso: La mujer le apesta y su dignidad le importa un carajo. Disfruta atacarlas, denigrarlas y humillarlas. Amante del bochinche y del ataque personalista. Siempre quejandose de, condenando y atacando a todo el mundo. Más sensible que un testículo cuando le dan un cantasito, pero más agresivo que un perro rabioso, cuando quieren meterse en la vida de los demás. Se cree el centro del universo, con Dios apoyandolo desde arriba y el diablo sumiso bajo sus pies.



En el caso del heterosexual cuya sexualidad natural ha sido negada; aquí tenemos el caso típico del niño que fue abusado y sometido por un enfermo sexual y que de adulto se ve y se siente obligado a actuar y pensar como "pato". Se ve y se autodefine como homosexual y hasta puede practicar el sexo homosexual por compulsión pero internamente odia dicha práctica y anhela que algo o alguien lo libre de su maldad y de su pecado. Estos son los homosexuales que eventualmente escapan de ese "mal" y encuentran su "salvación" y su "liberación" en algún tratamiento médico o fe religiosa. En su caso particular el homosexualismo que experimentaban ciertamente era "pecaminoso", "corrompido", y "abominable". Hicieron bien en dejarlo atras. Pero que no generalizen. No todos los homosexuales son como ellos. La inmensa mayoria son homosexuales naturales para quienes su conducta romántica, afectiva y sexual es completamente natural.

El bisexual es más flexible. Puede adaptarse más facilmente a cualesquiera situación que se le presente. Pero ante la represión sexual, esa misma flexibilidad, esa misma capacidad de adaptación lo llevará a evitar asumir posiciones firmes. Los impulsos naturales que surgen de su núcleo emocional al pasar por la capa intermedia del caracter seran modificadas, redirigidas, permitidas o negadas, no en base a la estructura natural del caracter, sino en base a la conveniencia del momento. Ambivalencia, infidelidad, incapacidad para fijar un curso de acción, estos son los efectos negativos que la represión sexual tiene sobre las personas asexuales.

El asexual también es afectado por la represión sexual pero no en forma directa. Sus impulsos sexuales o no son grandes o no son una prioridad formativa de su vida y su conducta. Sus relacciones afectivas se basan en otras formas de atracción e interacción que la sociedad no percibe como dañinas o peligrosas. El aspecto fisiológico de la sexualidad no es para el asexual una fuerza dominante que lo obliga a actuar de esta o aquella forma, sino una característica del cuerpo físico que estudia, evalua y busca controlar con un cierto espíritu de curiosidad e interes intelectual.



Esta actitud lo inmuniza contra los efectos psicológicos de la represión sexual, pero no así contra la incomprensión y las falsas expectativas de la sociedad.

Cada grupo sexual tiene sus características y sus expectativas en cuanto a la conducta de los demás. Cada grupo y cada individuo tiende a fijarse una forma de conducta, un modelo o norma de como se debe actuar basado en la experiencia propia.

La persona promedio tiende a pensar que la naturaleza humana es la misma para todos. La de los demás es igual a la mia, por tanto, lo que no es natural para mi, también tiene que ser natural para los demás. Esta forma de pensar es casi universal entre los heterosexual dado que estadisticamente los heterosexuales componen la gran mayoria, de un 90 a un 99 por ciento de la sociedad. Pero una situación similar se da entre algunos homosexuales que piensan que todos somos "homosexuales potenciales", la única diferencia siendo que unos lo aceptan y otros no. Algo similar piensan los bisexuales. Para ellos todos somos bisexuales.

Observese sin embargo, que en cada una de las cuatro orientaciones fundamentales: heterosexual, bisexual, homosexual y asexual; la persona puede desarrollarse aceptando su naturaleza sexual y desarrollandola en forma responsable y afirmativa, o puede, por el contrario, desarrollarse negando su propia naturaleza sexual y asumiendo como propia la naturaleza opuesta. De esta forma el heterosexual desarrolla una identidad homosexual que va en contra de sus verdaderos impulsos naturales y el homosexual desarrolla una identidad heterosexual que va en contra de sus verdaderos impulsos naturales. El bisexual, por su parte, niega su bisexualidad, y termina desarrollando una sexualidad descontrolada y corrompida que continuamente trata de reprimir; mientras que el asexual se esfuerza por mostrar interes por el sexo, casarce, formar un hogar, etc. etc., aun cuando sus verdaderos intereses vitales estan en otros temas y otros asuntos.



Vemos por tanto que el "homosexualismo secundario" al igual que el "heterosexualismo secundario" son trastornos psicológicos que tienen cura. No así el heterosexualismo y el homosexualismo natural que son, en si mismos, condiciones naturales. No todos los heterosexuales son "patos en potencia", como alegan algunos homosexuales, ni todos los homosexuales son "pervertidos o endemoniados" que necesitan liberación. Lo importante es que cada persona se busque y se encuentre a si mismo, a su verdadera naturaleza sexual-afectiva, y estructure su identidad en base a la misma.

En esta busqueda, el grupo social cuya existencia no ha sido ampliamente reconocida son los asexuales. Una persona asexual es una persona que desarrolla relaciones afectivas no en base al la atracción romantico/sexual sino en base a la amistad. Aunque pueden sentir impulsos sexuales de variada magnitud, sus relaciones afectivas no se desarrollan en base a estos impulsos sino en base a la amistad, la lealtad, el patriotismo, etc. etc. Por tanto, más que una bendición, perciben sus impulsos sexuales como algo que los obstaculiza o limita en su función social.

Los asexuales son la minoria "afectiva" más pequeña, la que menos se interesa en temas sexuales, y la que menos defiende y reclama su espacio social. En este caso aun no se ha desarrollado una conciencia grupal y en lugar de identificar y rodearse de personas afines a si mismo, el asexual tiende a relaccionarse con todo el mundo, sin tomar conciencia de que los demás lo perciben como un ser distinto, diferente, que no responde a los prejuicios, traumas y limitaciones sociales de tipo sexual, que caracterizan a casi todo el mundo, unos de una forma y otros de otra.

El homosexual cuando entran en contacto con un asexual, inicialmente piensan que está tratando con otro homosexual. Al ver una persona que no lo rechaza, que no lo estigmatiza, que no lo ataca, la reacción inicial es pensar que "ese es uno de los nuestros." Con el tiempo se da cuenta que no es así. Si en la relación habia desarrollado sentimientos romántico-sexuales, entonces será muy dificil que la misma pueda continuar. El despecho, la verguenza, la desilución, posiblemente destruyan la relación. Aun en casos óptimos la toma de conciencia, por parte de ambos, de sus diferencias fundamentales, los llevara a tomar caminos distintos. Si lo que se habia desarrollado era una amistad, la relación pudiera continuar, aunque no tan cercana o estrecha como era antes.



La reacción de la comunidad heterosexual es distinta. Los demás grupos sexuales son minoria y reciben a todo aquel que los apoya. La comunidad heterosexual es mayoria, no se siente perseguida y piensa que lo normal es que todo el mundo sea heterosexual. Por tanto, los esfuerzos del asexual por convivir armoniosamente con la comunidad heterosexual no son ni apreciados ni entendidos. Por el contrario, en lugar de apreciar sus esfuerzos, lo que hacen es exigirle que asuma todas las actitudes, complejos y temores de la comunidad heterosexual. Y si no lo hace, pues entonces lo clasifican como homosexual, punto se acabó.

Al asexual, por tanto, la represión sexual lo afecta y limita no en su desarrollo interno, sino en sus relaciones sociales, en la forma en que otras personas lo perciben, prejuzgan y condenan.

Así pues, la a represión sexual nos afecta a todos, no importa cual sea la orientación sexual natural de cada cual. Su efecto, en la mayoria de los casos, consiste en crear un área intermedia en el caracter de la persona que altera los impulsos sexuales naturales y positivos que emergen del núcleo psicológico y emocional del individuo y los transforma en impulsos secundarios, dañinos y corrompidos. Cuando la represión sexual es extrema, los impulsos originales son tan reprimidos que no llegan al nivel de la conciencia sino que son transformados en impulsos opuestos a si mismos, generando así una identidad sexual opuesta a los impulsos sexuales originales. Los más afectados por esto son los homosexuales cuya sexualidad es prohibida, perseguida y criminalizada por la mayoria heterosexual. Como resultado muchos homosexuales desarrollan identidades heterosexuales falsas, enfermizas y corrompidas mediante las cuales se hacen un gran daño tanto a si mismos como a toda la sociedad.

Los asexuales aunque son los menos afectados en su formación psicológica, son los más afectados en términos sociales. Tanto a heterosexuales como a homosexuales se les hace dificil entender y aceptar al asexual. A los homosexuales se les hace dificil aceptar que el asexual no es igual a ellos. El heterosexual, por su parte, en lugar de tratar de entenderlos lo que hacen es condenarlos y descartarlos, tratando de definirlos como homosexuales. Y dado que, hasta hace poco tiempo, los asexuales mismos no habian tomado conciencia colectiva de su realidad asexual, son muy pocos los grupos de apoyo y los organismos sociales que buscan llenar sus necesidades afectivas y sociales.

Podemos concluir que el gran mal social que nos aqueja a todos es la represión de la sexualidad natural. Solucionar este problema envuelve reconocerlo en su manifestacion actual, con todos sus síntomas y sus causas fundamentales. Debemos buscarle alivios a los síntomas para mitigar el daño que estos causan de día a día y para evitar que surgan situaciones explosivas que pongan en peligro tanto al individuo como a la sociedad. No podemos, sin embargo, olvidar que la raiz del problema no está en los sintomas sino en su causa fundamental: la represión de la sexualidad natural.

Para evitar esa represión es imprescindible reconocer que la orientación sexual natural del ser humano tiene distintas vertientes. Todas ellas son validas. Lo importante es que se reconozcan estas vertientes y se le provea a cada niño el ambiente social de respeto en donde se pueda desarrollar plenamente en base a su propia naturaleza sexual. Si esa naturaleza es heterosexual, pues que se desarrolle como heterosexual. Si es homosexual, pues que se desarrolle como homosexual. Si es bisexual, pues que se desarrolle como bisexual. Si es asexual, pues que se desarrolle como asexual. Lo importante es reconocerle y proveerle ese espacio de soberania personal a cada individuo, desde el nacimiento hasta la muerte, donde se pueda desarrollar plenamente en base a su propia naturaleza y sus propias determinaciones.

Garantizarle esa libertad real, esa soberania personal a cada ser humano a lo largo y ancho de toda su vida: ese es el gran reto.

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