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17 feb 2014

SER CADETE?

ORIGINAL LA REPUBLICA AQUI
COLEGIO MILITAR. En décadas pasadas la amenaza de los padres era rotunda: "¡Si no te enderezas vas al colegio militar!". Ahora como la disciplina no es sinónimo de marcialidad, la apuesta son planteles civiles. El cambio de percepción ha golpeado el número de matriculados en el colegio militar Francisco Bolognesi.
Juan Luis Silvera Quispe.
Arequipa.
-¡Para ranas un, dos! -ruge el instructor en jefe del batallón, mayor EP Christian Montes. De inmediato
la cuadra responde: “¡tres, cuatro!”, al mismo tiempo que se ponen de cuclillas para ejecutar la orden: “Uno, dos, tres, un cadete soy; cuatro, cinco, seis, por mi patria muero yo…”, corean.
El primer ejercicio del día es un castigo por tardar en la formación para pasar lista. Son las 7.15 de la mañana del último miércoles y 50 estudiantes del quinto de secundaria del Colegio Militar Francisco Bolognesi (CMFB) se preparan para iniciar su curso de monitores. Serán los responsables de guiar durante el año académico a sus compañeros. 
El día comenzó con el toque de diana a las cinco de la madrugada. Limpiaron su cuadra, baños, tendieron su cama, se ducharon y cambiaron con su uniforme "digitalizado" antes de desayunar en el comedor, a las 6.15 en punto. Hoy no habrá instrucción pedagógica porque las clases arrancan recién el 10 de marzo. Por ahora su entrenamiento es estrictamente premilitar: talleres de civismo, disciplina, moral y ejercicios de rutina ocuparán su tiempo hasta entonces. Eso, asegura el instructor de la cuadra, les formará el carácter. 
SE QUEDAN SIN ALUMNOS
El CMFB solo admite a jóvenes que cursen el tercero, cuarto y quinto de secundaria, que son internados todo el año. En 2006 hubo un experimento del Ministerio de Defensa para brindar educación “no acuartelada” a estudiantes de primer y segundo grado, pero fue cancelado en 2011. Por eso el número de estudiantes ha mermado notablemente. 
Los 20 pabellones del plantel pueden albergar a 600 estudiantes, pero el año pasado solo tuvieron 450 matriculados. 
“Ya no es como antes donde había hasta mil postulantes. Ahora no se llega a cubrir las vacantes", admite el director, coronel EP Miguel Saldaña Salmón. En su mejor momento, el plantel contó hasta con 900 estudiantes.
Con una promoción de quinto grado menos, este año el CMFB tiene 250 alumnos, pero Saldaña asegura que captarán unos 150 o 200 para igualar la cantidad del año anterior. Los cadetes trotan por el patio principal bajo un sol calcinante, se dirigen al casino del colegio donde recibirán charlas sobre estrategias de mando. "Terruquito, terruquito, si te veo te pateo, si te agarro yo te mato...", entonan a voz en cuello. 
La mayoría son de Puno, reconoce el director. Pocos de Arequipa. La escasez de estudiantes en el CMFB empezó en 2001, cuando el servicio militar dejó de ser obligatorio. 
El sociólogo José Luis Vargas cuenta que hasta la década de los 90 las familias pudientes de la ciudad pugnaban porque sus hijos estudien ahí. "Es que con sus estudios ya prestaban servicio y el trato era mejor que mandarlos a un cuartel donde sí los machucaban", dice. 
Años atrás se creía que en el colegio militar los chicos corregían su conducta y era garantía de que no se volvieran "maricones". Vargas asegura que esos efectos viriles son solo eso: creencias de otros tiempos.
El mayor golpe llegó en 2007 cuando el entonces jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas (FF.AA.), Gral. EP (r) Edwin Donayre, creó cinco colegios militares más en el sur. Esta sobreoferta le quitó aspirantes al Bolognesi.   
EL cadete VARGAS LLOSA
Cuando Ernesto Vargas Maldonado, padre de Mario Vargas Llosa, notó que su hijo tenía cierta afición por la literatura creyó que era el anuncio de una vida torcida y sin beneficio. Para corregirlo lo metió en el Colegio Militar Leoncio Prado de Lima, donde estudió solo dos años. 
Vargas Llosa sobrevivió a los rigores de la instrucción militar escribiendo cartas de amor y novelitas eróticas que vendía a sus compañeros de cuadra. “Mi padre no consiguió su propósito, pues la escuela aumentó mi predisposición a escribir”, contaría años después el novelista que ganó el Nobel de Literatura en 2010. Sus años en el Leoncio Prado le ayudaron a concebir la novela que lo llevaría a la fama, La ciudad y los perros.
Del Colegio Militar Francisco Bolognesi también egresaron diversos personajes como el congresista Marco Falconí; el alcalde de Alto Selva Alegre, Omar Candia; y de José Luis Bustamante y Rivero, Óscar Zúñiga. El jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, Gral. EP Leonel Cabrera Pino, también fue excadete, así como el exasesor presidencial Vladimiro Montesinos, quien pugna condena en la Base Naval del Callao. 
"Recuerdo que un teniente sacó su pistola Brown y de un disparo mató a un perro que se había metido a la cocina; luego lo tiró del segundo piso", rememora Omar Candia. Era 1994 y antes de su primera salida a la calle, el segundo domingo de mayo, Día de la Madre, lo bautizaron junto a sus 45 compañeros. 
Por su baja estatura, los cadetes de cuarto año le dijeron que sería el perro de la cuadra, la mascota que tenía que andar de rodillas ladrando toda la tarde. A la hora del almuerzo le echaron cera para piso en la boca. “¡Traga tu almuerzo, perro!”, le gritaron entre risotadas sus verdugos. 
El coronel Miguel Saldaña comenta que algunas tradiciones no se perderán. "Pero ya no se cometen esos excesos, ya no existen los bautizos; ahora son bienvenidas", asegura. 

EN CIFRAS
38 mil
metros cuadrados tiene el  colegio militar, con casi 20 mil m2 de infraestructura. 
320
horas de instrucción militar y 1,400 horas académicas reciben al año los cadetes.
12
es la nota mínima que debe sacar un cadete para aprobar el año.


ENFOQUE
EL CMFB TIENE DE TODO PARA EDUCAR BIEN
Esperanza Medina, exdirectora de educación
La educación que brinda el CMFB tiene una cultura de por medio: la militar. Los padres que manden a sus hijos ahí deben aceptar que ese entorno está marcado por reglas y una conducta muy rígida. El colegio militar tiene de todo para brindar una excelente instrucción: tiene gimnasio, posta médica, piscina, laboratorios y equipos de última tecnología. Tal vez como civiles podamos creer que el autoritarismo es malo, pero la instrucción pedagógica que ofrecen ahí es la misma que la de cualquier colegio público.
Depende de los maestros la calidad de pedagogía que se brinde. Lo único que puede preocuparnos es que la instrucción castrense es rígida y se contradice con la educación liberadora que se busca ahora en el mundo. Hay mucho por evaluar.

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