Viendo
por televisión la barbarie desatada en esa especie de “mercado –
lupanar” conocido como La Parada, no siento ya sorpresa ni estupor ni
rabia, solo lástima. Una lástima auténtica de peruano resignado. Siento
lástima sobre todo por los policías y sus familias, por los fallecidos,
por los comerciantes cuyos negocios fueron saqueados, por los
periodistas agredidos, por el caballo