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10 oct. 2015

BENEMERITA GUARDIA CIVIL DEL PERU.

BENEMÉRITA GUARDIA CIVIL DEL PERÚ

Pastillita para el Alma 10 – 10 -15

Cuando escucho por la radio Reina de la Selva, una serie de denuncias y comentarios de lo que sucede con la seguridad ciudadana de nuestro Chachapoyas, me da la impresión que son exageraciones y que no es posible que haya cambiado el respeto y el orden en la Fidelísima.

Claro que la ciudad ha crecido bastante y de lo que yo conocía de mis años de estudiante, cuando empezaba en la curva de la Virgen de Natividad, por el cerro del Colorao a la altura de la casa del Cabo Chuquisengo y terminaba en Tushpuna, detrás del Centro Escolar 131, por la casa de los Cabañas y el ancho eran tres o cuatro manzanas, que empezaba en el huayco detrás del mercado y se extendía un poquito más allá de la Sapra, por la capilla de Tingo pampa, ahora es una ciudad que se ha poblado por los 4 puntos cardinales y donde habitan una multitud de gente, de diferente nivel socio cultural. Han aumentado las casas comerciales… ya no hay las casitas de dos pisos, e inclusive las chocitas con techo de paja que se lucía en la plazuela de Burgos, ahora hay casas de material noble de 4 y 5 pisos. Hay universidades, centros educativos nacionales y privados de primaria y secundaria, institutos, gran cantidad de hoteles, restaurantes y discotecas y sobre todo hay una cantidad exorbitante de cantinas, chupódromos y casas de tragamonedas.

Ahora añoro a doña Margarita Chocaca de Luya Urco, a doña Faustita Reyna de Burgos, a doña Ritita Castro detrás del Mercado, a don Felipe por la Boca del Napo, al Arbolito por la Sapra, a la Mamita por las 3 Esquinas, a la Shofi en la plaza de Armas, a doña Marcia Vásquez, a doña Sarita Angulo y a don Cristhian Mori por la calle del Comercio o la Pared Caída por el Tajamar, a doña Rita Santillán por el jirón Grau o a la esposa de mi compadre Orozco frente al Seminario, o a don Alberto López por Santo Domingo. Los parroquianos de esa época éramos temerosos de la autoridad de nuestra Policía, quienes no se casaban con nadie y en las noches sin luz eléctrica tenían unas linternas de pilas rayo vack o eveready que rasgaban la oscuridad de más de 5 cuadras y las noches eran tan silenciosas que el sonido del acordeón de mis compadres chinche Ariel Herrera y crespo Leonardo Santillán, la guitarra de la virgencita Valdivia, la voz romántica de mi compadre Lucho Herrera Castro, la polla y la trompeta con sordina del Cullampe, sonaban como melodías de ángeles que apaciguaban a nuestros custodios del orden, quienes esperaban las 3 canciones de reglamento para hacer su aparición y ordenar que nos retiráramos.

Nunca recuerdo de exageraciones o de peleas callejeras o de escándalos. Los noctámbulos solo eran hombres que transitaban sin temor a ser asaltados, agredidos o privado de sus pertenencias. No había taxis, ni menos choferes borrachos mal hablados, que amanecían coqueando en la plaza de armas, como muchos ahora lo hacen.

Se ha perdido el respeto a la autoridad de nuestras fuerzas del orden. Antes eran los gendarmes, luego la policía montada y me parece después la benemérita Guardia Civil del Perú, eran verdaderos caballeros de la civilidad, que dejaron en toda nuestra Región Amazonas una verdadera escuela de consideración y respeto a la dignidad humana. Ellos nunca usaron gases lacrimógenos, ni bastones de goma, menos escopetas con perdigones, su arma de reglamento jamás fue usada como objeto de persuasión. En los pueblos y caseríos donde trabajaban eran hombres muy bien vistos por su comportamiento, hacían muchas veces de maestros, de curanderos, de jueces que impartían verdadera justicia de equidad. Muchos de ellos construyeron escuelas, caminos de herradura y algunos dirigían hasta carreteras. Contraían matrimonio con damas respetables y sus hijos eran un ejemplo de formación en sus estudios y en su disciplina. Los guardias civiles de ayer todo un modelo ante el pueblo y la ciudadanía. Sus oficiales eran señores de señores. Participaban en todos los actos públicos y sociales de la localidad. En los actos solemnes asistían con uniforme de gala, con guantes y espadas. Los jefes de Comandancia, paseaban por las calles saludando a toda la gente y se acercaban a preguntar por sus necesidades. Era La Benemérita Guardia Civil del Perú, una Institución señera y tutelar de la Patria, de la que tuve el gran honor de vestir su uniforme al servicio de la sociedad.

Los años han pasado, posiblemente las circunstancias, la educación y formación de la gente sea diferente, el modernismo, el aumento de la pobreza, la falta de trabajo, el libertinaje y las leyes han cambiado, la presencia de organizaciones de defensa de los derechos humanos, tal vez bien intencionadas, el incremento de la drogadicción y la delincuencia campean en todo el mundo y nuestra tierra, no tiene porque ser una excepción, sin embargo las Instituciones que están encargadas de hacer cumplir las Leyes, deben seguir velando por la integridad de la moral y las buenas costumbres y eso no está en los Reglamentos y las Normas que se dan en los Centros de Formación, está en el factor hombre que viene del hogar y las escuelas de formación no deben permitir que ingresen personas que denigran el uniforme que nos da la Patria.

Ahora la Policía Nacional del Perú, Institución responsable y encargada de velar el orden interno de nuestro País, tiene centros de formación modernos, con profesores y catedráticos altamente capacitados, que deben sacar profesionales de calidad que lleven las enseñanzas de sus maestros y no servidores que ahora se pasean charlando por las calles, plazas y avenidas, conversando por teléfono, sin saludar a nadie, dignos pavo reales de su soberbia, incapaces de ayudar a un anciano o a un minusválido, que nunca por nunca ceden la vereda, gente prepotente que cuando llegas a sus centros de trabajo no dan muestras de las menores reglas de cortesía, y algunos de ellos solicitan estipendios para realizar ciertos trámites. Todo lo redactado con muy honrosas excepciones.

Muchas cosas dicen, sobre inconductas, a mi no me consta, sin embargo soy testigo presencial, que los días domingos, en la ceremonia del izamiento del Pabellón Nacional, mientras se escucha la Marcha de Banderas o las sagradas notas de nuestro Himno Nacional, ninguno de los policías subalternos hace el saludo de reglamento, dando un pésimo ejemplo a la ciudadanía, que seguro no conocen los oficiales que comandan la Región. Los señores don Germán Merino Rubio y don Francisco Alva, instructores del glorioso Colegio San Juan de la Libertad, nos enseñaban que los estudiantes con prendas de cabeza, teníamos que saludar reverentes a los símbolos de la Patria. Es vergonzoso y denigrante para las fuerzas del orden que ahora haya serenos, con mayor disciplina y más respetuosos, que dan más confianza y para colmo de males hasta los ciudadanos se organizan porque a la Policía casi no los creen y lamentablemente se están dejado reemplazar en sus funciones.

Al finalizar este modesto homenaje a la Benemérita Guardia Civil del Perú deseo mencionar algunos nombres de oficiales y personal subalterno con quienes tuve el honor de trabajar mientras fui capitán de Sanidad de la 17 Comandancia de la Guardia Civil, todos ellos mis grandes amigos y algunos deudores inolvidables de afecto.

Los Comandantes Mario Paredes Valencia, Santiago Benítez Tragodara, Gustavo Collantes Pizarro, López Yomona; Matute, Mayores Lorgio Moreno Borda, Pablo Rivera Rodriguez, Menchola. Capitanes Mauro Zelada, Cumpa, Chirinos. Tenientes Luis Gamonel, César Valdez Collantes, Mauro Mesías. Alféreces Guillermo Enríquez Granados, Luis Zagastegui, Oscar Portugal, entre otros que me disculpo por no recordar sus nombres, pero sin olvidar, también, al capitán del Ejército Peruano don Guillermo Guzmán, el chino, jugador de la H y la U y un gran señor y amigo de la Guardia Civil.

Para mí es un reto mencionar a todos los Guardias Civiles del Personal Subalterno, pero en un arranque de audacia y pidiendo perdón a los que ignoro, me atrevo a nombrarlos, como si sería una Lista de Honor de aquellos personajes que sacaron lustre a nuestro uniforme y por su comportamiento, es mi deber mencionarlos, sin tocar por esta vez su grado militar reglamentario y matizando con sus apodos, que es el cariño con que fueron conocidos y que nunca, por mí sería una falta de respeto, ni un exceso de confianza.

Merece especial mención, al parecer el Sargento 1º Pérez Cerna, que no le conocí, pero me dicen que fue el primer gendarme que llegó a nuestra tierra y contrajo matrimonio con una señora Santillán Reyna, si no estoy mal informado. Me toca nombrar con orgullo a mis enfermeros de la Sanidad con los que tuve el honor de trabajar: Hildebrando Velásquez, de Lámud, el shego Segundo Bardales Terrones, de Mendoza; Enrique Salazar Haya, de Molinopampa; el suboficial Samaniego; Celso Corbera Mori; Juan Bazán Bacalla; José María Culqui Huamán, José Ocampo, un chasqui muy servicial, Palmer Reyna, los 6 últimos de Chachapoyas; Antonio Ocampo de Cumba, José Rodriguez Belerge, de Jazán; Adán Tafur Valqui, que estuvo en el Tingo; David Celis Ventura, de Ocallí; Angel Jauregui Zamora de Bagua y David Vega Tafur, de Leymebamba. Luego una larga lista de G. C. como don Berbnardino Arista Mori; Rómulo Villacrez Zuta, de la curva Villacrez en la cuesta de Tincas, camino a Luya; Aurelio Ordóñez Aguilar, que, junto con otros bravos guardias civiles, fue al conflicto con el Ecuador en 1941; el compadrito Benigno Meléndez, amigo de todos; Oscar Collantes Torrejón; Misael Mori Meza; Gaudencio Oyarce Calampa, manda más de Molinopampa; Eutimio Perea; Carlos Trigozo: Hernán Tuesta Saavedra; Salomón Cruz Cruz, el choloque: Vicente Chávez Mori, el maratonista; Alberto Sánchez Santillán; el shuca Gabino Santillán Santillán: el manshanita Víctor Mendoza Ángeles, Federico Chuquisengo Alvarado; Germán Zegarra Tenorio; Gregorio Tuesta; Carlos Tenorio Más; Felix Trigozo Portocarrero; López Portocarrero, papá de la Marisol, que lo guardó una noche, a Carlitos Vigil, el dulce, porque éste, lo confundió con su primo Máximo Vilcarromero; Benedicto Ampuero, el venao, un gran masón y un gran amigo; Emiliano Rojas Alvarado; Panchito Echáiz Aguilar; Gonzalo Angulo Ramos, el tamal; Víctor Reyna Montenegro, la vaca, con selunchos de arco a arco en Belén; Pedro Torres Urteaga; Salazar Villacrez; Germán Trigozo, el chalaco; el machillo Alfonzo Tenorio; Rogelio Honores Solsol; Juan Montoya, fiel amigo de mi compadre Pablito Rivera; Miguel Rojas Rojas; Abdón León Saenz, un gran guardameta que volaba de palo a palo en Belén; Alberto López Mendoza, un eximio maestro de la flauta dulce; Estenio Servan Caro; Pablo Mori Meza, el pupo, con Oscar Reina Montenegro, el huishto, eran grandes basquetbolistas, el primero jugaba por el Higos Urco y el segundo por el Sachapuyos y con el capitán Jorge Vela Benavides y el pique Pancho Arista eran del equipo de básquet de la GC,… seguro que faltan muchos nombres como los Montoya de Daguas o los Calampa de Molinopampa, pero solo es mi intención hacer en nombre de ellos un homenaje a los señores de señores de la Benemérita Guardia Civil del Perú, que marcaron toda una época en nuestra tierra y fueron las autoridades que ahora extrañamos, que no se valieron solo por el uniforme ni el respaldo de sus jefes, que ahora creo son generales y coroneles, sino por su conducta, comportamiento y disciplina que infundieron respeto con su sola presencia y que la población de Amazonas los guardaban respeto porque sus decisiones eran correctas y hacían prevalecer su autoridad, que no era puesta en tela de juicio por la sociedad, por eso nunca olvidaré al cabo Gabriel Rigoberto Arriola Orellana, que sin miramientos, cuando tenía mis diez años, me llevó detenido, junto a Oscar Eguren y otros muchachos a la comisaría que quedaba en la plaza de armas solo por el simple hecho de estar sentados en una banca en horas no autorizadas y nos hizo pichanear con escoba de retama la puerta de la Comandancia, sin la menor protesta de nuestros progenitores.

Gloria a mis colegas y hermanos de la Benemérita Guardia Civil del Perú, que me educaron a respetar a nuestra Patria, a la sociedad a quien servimos y que jamás les vi cometer un acto de corrupción que denigre a nuestro uniforme y me enseñaron a sentir orgullo y que es verdad cuando con la frente en alto y el pecho henchido se decía, a voz en cuello que por encima de todas las cosas:

“ESTÁ LA BENEMERITA CUARDIA CIVIL DEL PERÚ, CON SU LEMA EL HONOR ES SU DIVISA”

Coronel Médico S F P (R)

Jorge REINA Noriega

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