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27 ago. 2016

"¡oh gran ballena varada!, bajarás al redondel". Extracto del ridiculo poema de Alan Garcia que al fin el mar de Francia varo.

I

Ola, manto de fraile,
murmullo de las almas,
sacude con tu espuma,
el tiempo y el mugido
de esta bovina roca.
Ayer el tren de la tarde
trajo al juez y al tendero,
sus libros, su martillo,
mas su grave destino
sin retorno de aurora.
¡A morir en el Morro!
En el Marcavelica,
encornado de antenas,
y en el monte La Virgen,
del cura enamorado,
que abrazado a la luna,
bajó al mar infernal.

II

Jueves trece, negra el alba,
negro de acero el clarín,
viento negro encubridor.
Y a lo lejos, la ciudad,
la vaca del Nuevo Mundo
tiembla sus ubres y pasta
cantando nanas de adiós.
Blasón, heraldo, rey rojo,
estrofa de terracota,
¡oh gran ballena varada!,
bajarás al redondel.
Y ola tras ola, sin fin,
te sitiarán las hormigas,
te acosarán los gusanos.
Y hora tras hora, sin fin,
tus blancas y abiertas venas,
de hombres libres de Trujillo,
de Huánuco y Cajamarca,
caerán entre las nubes,
de pecho y de ojos abiertos
por tanta metralla y odio,
por tanta rojiza bruma.

III

Pero es alba de infortunio,
y aunque el morro aún resiste
la línea cayó en San Juan.
Y entonces, toro de sal,
nadie más vendrá por ti,
no temblará Pachacamac,
ni el Cristo de los milagros.
Y el Huáscar encadenado,
el mismo cañón de Grau,
desgarrará tus entrañas,
amenazando las ubres
de tu hembra amurallada.

IV

Ya es de noche al mediodía,
morro niño, solitario,
negras nubes en los andes,
te amortajan de sol negro.
Héroes y semidioses
rodaron por tus caderas,
cataratas de dolor,
como rejones de muerte.
Y en seis horas, solo en seis,
con el permiso de dios,
manto a balazos raído,
burel de piedra, caíste.

V

Noche, la luna gime,
mares de sangre en su piel.
Las islas son tu ataúd,
piedras te lloran los peces
y te arrullan tiburones,
sus aletas son tus cirios.
Morro, cerro expiatorio,
paradojal cordillera,
te mataron brutamente,
estoqueado a cañonazos,
un puñal en vez de espada.
Y con la artera puntilla,
doblaste tus finas patas,
como Islero y Bailaor
los que matando murieron.
Y más allá, en la llanura,
Vaca huérfana y preñada
de todos abandonada,
Lima oyó el final mugido,
Y el ande entero tembló.

VI

Trece, trece, solo trece,
fue trece cuando moriste,
morro de tierra hecha sol
y Gólgota de la raza.
Pero al cabo, has de volver,
ceño fruncido de piedra.
Y entonces, Lázaro hermano,
¡Haz, Señor, tu voluntad!
Contigo volverá el orgullo,
contigo comenzará el mar.

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